Muchas Gracias y hasta pronto
Gracias a todos los que se han tomado un momento para leer algo de lo que escribo. Con esto concluyo “Aurora Perdida” pero continuo con las publicaciones en mi nuevo blog, donde expongo el material de mi primer poemario “Eterno en Soledad“.
Si querés leer un poco más de lo mío, visitá mi nuevo sitio:
http://vagohemioees.blogspot.com/
ó
Callada la noche
Callada la noche.
Callada e inmaculada en el tallado de la piedra que grabada sirve de tu cripta.
Sigiloso sufrir paranoico, harto de su esquizofrenia, agorafóbico por rutina y comprimido
por las alergias.
Taciturno pensamiento vagabundo e indigente.
Muda soberbia austera heredada de mi mal sentirte.
Reservado amor marasmático, libre de hipocresía, cruel por diversión.
Cauteloso tu retorno a la tierra del olvido, donde he muerto de inanición mil veces
esperándote.
Callada la noche que me consumo sin ser escuchado, que abraso doliente sin que nadie preste atención.
Silente darse por vencido tras adorarte hasta el asqueamiento.
Perseverante el fastidioso añorar.
Sosegado cáncer de tu cuerpo.
Tranquila agonía.
Callada la noche.
Callada e inmaculada en el talle de tu espalda, la que venero, la última de tus noches.
Pasiva la gana de hacerte mía a la fuerza.
Inerte mi entelequia, tú.
Tú, mi absorto absoluto ser.
Mi consciencia.
El escalofrío en la vértebra.
Callada tu boca que no repite que me quiere.
Callada tu alma que encierra en la mirada ese desgaste, ese desprecio hacia mi trillado recital de amor.
Silente y soberbia.
Callada.
Callada la noche.
Callada tú, que al igual que la noche, ya no me ama.
Hermana mía
¿Dónde está la compasión, adónde la justicia?
Porque veo en tu vida y sé que no existe un dios.
¿A dónde van tus años y tus hijos, adónde tus sonrisas y sueños?
Porque te abrazo y te siento sollozar.
Hermana mía, dios nos olvida a todos; pero tú, tú fuiste abandonada, rechazada y maldecida.
Duele tu profundo dolor y la forma en que haces parecer tan liviano tu agudo pesar.
Cómo brillan tus ojos aun cuando el clavo en tus sandalias ha hecho que tu pierna gangrenada se paralice completamente.
Hiere, mi dulce hermana, tu tierno saludo y el temblor en tu labio que desea llorar, pero que deja salir simplemente un “Dios te bendiga”.
¿Quién es dios?
¿Quién es ese dios al que tú me clamas tan creyente, e invitas a tu mesa, mientras él da la espalda preocupado por que el diezmo ha disminuido?
Si tan sólo no costara sacar del nudo en mi garganta, si tan sólo se hiciera sencillo pedirte hoy que me perdones, por ser quien soy, por ser como soy.
Si solamente pudiera decirte que te amo, que eres parte de mí.
Si pudiera decirte que lo siento, que siento haber andado por ahí llorando el cargar con esta pluma en el ojo, mientras tu parada me oías con el mundo a cuestas, la barriga llena de embarazo y la planta de tus pies sangrante por las espinas incrustadas.
¡Perdóname hermana mía, si no fuera demasiado tarde, si aún te quedara vida!
Hermana tú que golpeada por el puño de los frutos de esta maldita sociedad machista, cantas para tus hijos.
Tú que compartes el corto tiempo de tu vida con los que no han de agradecerte.
Tú que enseñas con fe a los futuros asesinos y líderes de destrucción humana.
Tú que lloras bajo las cobijas mordiendo los dientes porque todos te olvidan, todos te dejan, todos escupen tu rostro.
Hermana tú que aun así los amas… nos amas.
Hermana tú realmente eres la merecedora de adoración.
Tú y sólo tú eres la creadora de milagros. La que convierte una quincena en el pan del mes.
El pan de uno, en cientos. El hambre en alegría. El llanto en fuerzas. La semilla en árbol.
El libro en conocimiento. El amor en libertad. El cielo en una realidad, sin ofrecer vida eterna ni recompensas exclusivas de los santos.
Hermana mía, tú que eres lo que dios debiera ser; tú, eres verdadero amor.
NOTA: Dedicado a todas las mujeres de todas las edades, que han tenido que nacer en este mundo dominado por hombres, en especial a mis tres hermanas (Angie, Eva y Rosi).
Mi hoy muy querida Lauren

lauren
(Perdiendo la virginidad recuperada)
Aún ahora que estás en mis brazos.
Con tu sonrisa silente llena de pensamientos escondidos.
Todavía aferrado a tus senos y a tu piel tibia.
Con el cuerpo lleno de ti.
Aún ahora tiemblo de miedo.
Sumido en cada sensación olvidada y que de pronto regresa como el olor del vino seco, Rezagado en copas abiertas esparcidas por el cuarto.
Perdidamente tuyo mientras dure el momento,
Mientras nos arda el vientre.
Mañana a tu partida estaré feliz de perderte,
Pero hoy, sensible por el amor escaso,
Me sujeto a tus glúteos durante el naufragio de mi virginidad recuperada;
Que tomas, de nuevo sonriendo.
Por esta noche dime que no lo amas.
Que puedes ser mía, como yo tuyo.
Que quieres beberte mi pasado y alejar el fantasma de la primera virginidad.
Fueron cuatro años de silencio.
Cuatro años apagando el fuego con besos robados y presurosos.
Y ahora que hacemos el amor no debiendo.
Con el perdón obstruido y hablando de él.
Mientras me impregno por todos lados del aroma de tu sexo, del sabor de tus carnes, y la sal en tu espalda.
En este momento que agradecido gimo el llanto de dejar atrás lo que guardé tanto tiempo,
El sexo es como la cocina, sabe mejor si se comparte – me digo a mí mismo.
Fueron cuatro años y casi olvido el tacto.
Cuatro años de tanto remordimiento.
Cuatro años de negación, y soy tan feliz durante nos poseemos.
Tan feliz de mirarte y disfrutarte.
Muy satisfecho; repleto de tus palabras que se tornan en este instante, mi alimento.
Cierro contigo el antes y el después.
Soy libre al fin.
Y si bien no he de volverte a ver, tampoco he de olvidarte; mi hoy muy querida, Lauren.
Ciudad del olvido
Vago cansado de no poder llegar a ningún lugar.
Chocando y forcejeando por las aceras de tus caminos sin nombre.
¿Hace cuanto son tan solitarios tus caminos?
La gente a veces mira con deseos de matar,
Sigo mudo con la música de siempre, sobre los pasos de siempre, en las rutas de siempre.
Mi corazón despreciado, vira sin querer hasta alguna de las puertas cerradas andantes e inalcanzables de esas que aquí se hacen llamar “mujer”.
Las manos cegadas y la piel cubierta de humectantes, para que su cuerpo no refleje su sequía, su aridez.
Ojos muertos de alma perdida.
No te queda nada porqué vivir, eres presa de la insensibilidad generalizada por la guerra de los vientres.
Superviviente al divorcio, abandono y maltrato. Nada queda en tu alma ya; excepto esa furia y esa crueldad.
Esa necesidad de venganza que el resto de nosotros tendrá que pagar.
Yo en cambio, sigo ausente, de ti, de mí, de ella.
Sigo aún a tu ritmo caótico, con las suelas cansadas, con el rostro inmutable.
Acostumbrado al salitre, podredumbre, muerte.
Deprimido.
Bajo.
Continuamente humillado.
En cada ocasión en la calle al olvido.
Ella, yo, tú. Creación abominable del hombre postmodernista que esconde tras el arte urbano el grito del hombre campesino, la pasión de los adolescentes amantes de la pureza.
Tú, yo. Víctimas de la hipocresía.
Ella, yo. Parte de un juego perdido. Lo único que nos unió fue una única amistad, el resto contra nosotros.
Yo. El ser que más le amó, el ser que más la detesta.
Ella. La despedida que una y otra y otra vez deberé vivir.
Es tan oscura la vida en ti.
Es tan difícil el aire, tan caro el sentimiento, tan absurda la compañía.
Son tan breves tus momentos y tan largo tu letargo.
Cuán solo y vacío se vive aquí.
Ciudad
Tierra seca y sin sentido, en ti no hay sueños, ni florecen las esperanzas.
Caminos anchos de polvo y humo, quemantes llenos de caucho.
Sonrisas complacientes, caras pálidas, manos de monopolio e hijos de violencia.
Bestias automatizadas, puños sin sangre, pacientes eternos de la química y la sicología.
En ti mueren de hambre y desvelo los poetas bohemios.
En ti todo marchita, todo seca, todo perece.
Tú el centro de todo eres el extremo de la vida,
El corazón inhóspito, el alma vacía, el cuerpo clamante.
Nada te satisface, nada te complementa, nada vale más de lo que posee, nada conviene si no es comercial.
Tierra esclava e insomne, en ti no hay paz solamente millones de reflejos perdidos, sombríos y lastimeros.
Dime si has de acabar
Dime si deberé verte caer y no sentir pena ni remordimiento.
Dime si te eres indiferente a ti misma, como lo eres a tus ocupantes.
Dime si debo cerrar los ojos cuando cedas ante la maldad y los perros,
O simplemente deberé cubrir mis ojos con vidrio oscuro y reprimir mis llantos como tu bien nos has enseñado.
¿Diré adiós?
¿Volveré la vista?
¿O Seguiré hacia delante por los viejos baches de tus alrededores hasta encontrar tierra nueva, donde no haya sueños ni florezca la esperanza?
Todo lo que no tengo

Mishell
Ni siquiera me atrevo a encerrarte en mi pensamiento.
El olvido que baila ligero, me recuerda sincero las cosas que eres.
Eres el deseo clandestino que se escapa en un grito.
Eres la vida que debo callar para no herirme.
Eres la luz silueta que se desvanece cada vez que intento acercarme.
Eres lo imposible, eres más que eso.
Tanto es así mujer que…
Ni siquiera me atrevo a encerrarte en mis versos.
Tú, sola bastas como lenguaje en el universo.
En ti se explican las cosas perfectas y las que hacen falta para serlo.
Se sostiene el aire apegado a la ventana, asoleándose para serte más fresco.
Tú con dulzura lo retienes en un de tus besos.
Yo no sé si adorarte o dejarte para no ser preso.
Y es que debo verte cada día como divina y mujer.
Pero eres vista de paraíso al lado opuesto de algún desierto.
Tú eres todo y más.
Lo eres todo…, y todo lo que no tengo.
Sí,solo
Solo.
Sí, solo.
Amándote tras esa canción triste y trillada.
Dedicándote cada uno de los versos de Pablo Neruda.
Creyendo que cada uno de ellos habla de ti, que es perfecto para ti.
Triste.
¡Qué más da!
Si después de tantos y tan largos años, ya me es lo mismo este sentimiento que no logro dejar atrás.
Ya casi ni es amor,
Es más que todo costumbre.
Pesarosa,
Religiosa,
Abnegada costumbre.
Espero como cada noche alcanzar el perdón.
Espero como cada día perdonarte.
Solo.
Sí, contigo, solo.
Y sin ti, más.
Aburrido del llanto y la queja.
Harto de las palabras de consuelo que no consuelan.
Victima de tu siempre compañía irreal.
Triste.
¡A quién le importa!
Si después de haber herido a mis amigos no me queda nadie.
¡Ni tú!
Sí. Ya casi no es amor,
Es más presurosa costumbre.
Tierna y perezosa,
Vieja y quejumbrosa.
Espero cada tarde tu dulce aroma.
Espero cada madrugada olvidarlo en mi cama.
No sé si lloro en el corazón
No sé si lloro en el corazón, o sólo lo siento.
Mis lágrimas son sangre, sangre que fluye por mi cuerpo, calándolo, royéndolo. Pero nunca se derraman. Es el por qué siento mi llanto dentro, justo en el corazón.
Mi piel oscura como mi alma, no prueba del seductor líquido hace tanto, tanto tiempo.
Y agonizo en callada pérdida, lo que es mejor olvidar.
No sé si lloro del corazón o sólo muero rodeado de este mi silencio, tan vacío, tan lento.
Perder la vida ya es bastante, pero el llanto… Perder el llanto es demasiado.
Canto fúnebre
Es verdad, …¿O no?
Canto los días de lluvia,
Los días de seco silencio,
Las mañanas alegres
Y las tardes sin gente después de un cigarrillo.
Canto fúnebremente.
Lloro.
¿No es así?
¿Y por qué debería ser un sacrificio?
Acaso no ves mis lágrimas secarse olvidadas.
Acaso no oyes mi voz quebrarse.
¿Quizá mis manos temblar?
¿Mi semen servir de semilla a la tierra infértil que lo desprecia?
Lloro fúnebremente.
¿Ves algo?
¿Ves alguna diminuta cosa a diez centímetros distantes de tu frente?
¿Hueles la pestilencia de mi muerte impregnando tu piel?
Hace mucho que es parte de tu aroma.
¿Sientes la comezón de los gusanos de mi carne pútrida pegados a ti, parasitándote, aferrados, llenos de ésta, mi ansia de tenerte conmigo?
Canto con la voz pisada por tus tacones altos hechos para las noches de farra.
Trepida mi garganta atada por la chalina, que cubre con escases el sereno, que golpea tu espalda del auto a la entrada del motel.
Entono junto a los cubos de hielo que olvidaste en el vaso de güisqui que tu amante borracho pasó junto a la cama.
Grito amordazado con tu ropa interior que como yo, estorbó; y que al igual que yo, hoy yace en el suelo perdida entre el olor de tu sexo y la frustración.
Lloro vivo, deseando que este estado no fuese realidad.
Lamentando ser la marioneta de cuerda de guitarra.
Sufriendo mi partida a causa de tu abandono.
Lloro cantando esta canción fúnebre que compuse para mi entierro en los llanos de tu mente.
¿Y tú?…
¿Acaso percibes algo?