A Quetzaltenango
Corazón verde, ojos de luna.
Desde mi nacimiento te hiciste de mi amor.
Contigo y abrazado a tus columnas de roca, se hace fuerte mi alma.
Camino entre tus rostros y tus calles.
Entre tus risas y tus bullas.
Y sin evitarlo soy tuyo.
Tuyo ya, sin que desconozcas mi sentir.
Abrigado en tu espacio, de montañas y risas,
De la siempre presente niñez.
Soy para ti el hijo, la carne,
El legado, la paradoja.
Soy en tu seno, el eterno enamorado.
El corto instante de amor.
En ti, mi tierra,
Mi bella Quetzaltenango,
Soy criatura feliz.
Ah corazón!!! Callar, a veces es mejor que decir palabra que suena a necia.
Si pudiera hablar mi corazón!!! Si tan sólo lo dejares.
Y sin embargo
En serpentinas vertiginosas caen los pequeños pedazos de mi perdida pasión.
La que perdí desde que te vi aquella primera vez.
Los trozos de mí, te persiguen en el viento, sin esperanza de tocarte; tú eres tan imposible.
Sin embargo en mis sueños te alcanzo, te descubro, te canto al oído.
En mis sueños eres cercana, amiga.
Pero murallas enormes nos dividen con causa.
La tuya, ser la luz de la mañana.
La mía, ser la pequeña sombra que custodia la insignificante piedra.
Sin embargo en mis sueños me miras, me impregnas de tu luz, y no desaparezco.
En mis sueños eres confidente, aliada.
Con tortuosas corrientes me empapa tu indiferencia, yo me dejo arrastrar encantado.
Igual tarde o temprano seré parte de tu corriente, de tus aguas.
Para mí la vida es eso.
Es ser tuyo,
Es verte mía.
Para mí el sentido es estar a tu lado,
Es tenerte conmigo,
Mi lejana compañera,
Mi esperanza tardía.
En mis sueños tú eres la vida, la única.
Y sin embargo te muestras renuente, apática, fría.
