Carta a Analu

Noviembre 26, 2008 at 4:51 pm (Prosa, Poesía) (, , , , , , , )

¿Cómo decírtelo?…
Eres lo que más amo.

¿Por qué aquí, por qué ahora?
Porque aquí es donde mi vida se acabó.
¡Sí, sí! No es justo que te diga que te amo, cuando he tocado fondo…
Tienes razón.
Pero…

Si el tiempo acaba.
Si el alma se detiene.
Si el corazón levita cuando cree verte pasar.
Si ahora que no siento tu ausencia cercana.
Si cuando me viene este amor no es el momento, ni el lugar.
Si al desearte en una noche tibia sin motivación.
Si al venírseme el techo mientras me veo al espejo.
Si al no verme en tus ojos, porque nunca quise verme ahí,
Te siento como el estrecho paso a la felicidad,
¿Qué puedo hacer?

Tú sabes cuán simple soy.

Y hoy que no hay quien estreche mis manos contra sus mejillas,
Te extraño en el espacio que dejó tu cuerpo en el pupitre.
En este momento cuando me reservo el pensamiento y,
miro a mi vera, buscando tu risa siempre presente en mi comedia macabra.
Si en este momento es cuando te amo.
Cuando recuerdo tu abrazo, al que abracé realmente pocas veces,
Porque tú tenías el valor de sostenerme mientras me desplomaba y yo no.
Acá en este espacio, a esta hora, como siempre tan inoportuno.
Justo en este rincón donde ya no estás, es que te amo.
Si así te amo, ¿qué puedo yo hacer?
Si te amo cuando ya no me amas,
Te extraño cuando ya no me piensas ,
Y te lo digo cuando estoy acabado;
No es por puro necesitado,
Ni es por buscar en ti lo perdido,
No el refugio,
Ni la esperanza,
No el apoyo para salir de este agujero…

Es precisamente porque al no quedarme nada, nada temo perder.
Porque al no quedar ni un poco de mí y mi pasado,
Y no poder ofrecerte un presente,
Puedo venir y darte lo único que realmente he guardado,
Lo único que poseo,
Mi todo actual.
Que cuando poco nos queda,
Lo poco es el absoluto.
Y por esa razón es que te digo así, que ahora es cuando te amo,
Puesto que tú, eres la luz, la única e incompartible luz de la vida, mí vida.

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Elegía a Claudia

Noviembre 13, 2008 at 9:49 pm (Prosa, Poesía) (, , , , , , , , )

Sin importar realmente el cómo, todo recobró sentido.

El olor, el color, la textura, el diseño; todo.

Cubierta, aislada de aquel sonido, de la vida misma, ella había vuelto a ser quien era.

Él por el contrario estaba tan devuelta en este mundo, que percibió en sí mismo el destino fatalista del amor, y lo disfrutó.

Sonrieron. Y en esa pista, junto a aquella gente, con aquel ambiente oscuro y privilegiado, supieron cuánto se amaban el uno al otro.

Sin un beso, entre el tacto tímido, se hicieron el amor en una eternidad distante.

El deseo mismo era cuestión de desearse. La vida no era vida ya el otro lejos del uno.

Dios conservaba la llave del cielo aquella noche, y ellos dentro, prisioneros; jugaban a regalarse el destino en una pieza de vals.

La vida se acaba, él ya no vale nada, y el universo ella.

Crecen en el celeste de su vientre los hijos que él jamás tendrá.

Se pregunta: ¿Quién? ¿Quién soy yo?

Ella responde esa pregunta con su presencia que supera el infinito de la muerte; y él, comprende que está listo. Listo para ella, para el infinito de la muerte y su presencia verde; como el verde de sus senos, como su olor a bosque antiguo. Está listo para amarla, y por fin volver a ser amado.

Un abrazo abrigado, aferrado a las ventanas de luces tenues amarillas.

Una elegía cantada para esta pareja que ha de separarse después de esta danza, después de la vida, el cielo y el mundo.

Un epicedio escrito para el otro, con dedicatoria eterna.

Un epitafio en el corazón de ambos, “Jamás siempre amada(o)”.

Un beso primero y último en la mejilla.

Y un delicado adiós.

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Dulce noviembre

Noviembre 13, 2008 at 9:44 pm (Prosa, Poesía) (, , , , , , , )

Dulce noviembre, en que quedé varado entre la belleza y la musa.

Entre el arpa y las disonancias de mi pecho, que se negaba a seguir el ritmo.

Dulce mes tan frío, en que mi aislamiento rompió el hueco en el piso y dio el gran salto hacia la pérdida segura de la razón.

Un vestido rosa, unos zapaticos altos, y el cabello más peinado que haya visto en mi vida. Colmaron de pasión otra vez el témpano constante de mi debilitado sentir.

Y ni ella, ni yo, supimos nunca quiénes éramos. Pero compartimos el ser amantes esa noche y la siguiente. Hasta que despertónos de ese ideal, la justa separación.

Dulce noviembre en que la amargura se esparció por mi piel cual ceniza, mientras yo lloraba viendo “Meet Joe Black” y ella sollozaba en los brazos de su novio; explicando el cómo no me había amado la vez que me amó, más que a nadie, menos que a su primer amor.

Dulce mes tan cálido que ya no hiela en mí, no más. Mientras ella excusa a sí misma el no poderme olvidar y yo me disculpo no poderle seguir.

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