Mi hoy muy querida Lauren

lauren
(Perdiendo la virginidad recuperada)
Aún ahora que estás en mis brazos.
Con tu sonrisa silente llena de pensamientos escondidos.
Todavía aferrado a tus senos y a tu piel tibia.
Con el cuerpo lleno de ti.
Aún ahora tiemblo de miedo.
Sumido en cada sensación olvidada y que de pronto regresa como el olor del vino seco, Rezagado en copas abiertas esparcidas por el cuarto.
Perdidamente tuyo mientras dure el momento,
Mientras nos arda el vientre.
Mañana a tu partida estaré feliz de perderte,
Pero hoy, sensible por el amor escaso,
Me sujeto a tus glúteos durante el naufragio de mi virginidad recuperada;
Que tomas, de nuevo sonriendo.
Por esta noche dime que no lo amas.
Que puedes ser mía, como yo tuyo.
Que quieres beberte mi pasado y alejar el fantasma de la primera virginidad.
Fueron cuatro años de silencio.
Cuatro años apagando el fuego con besos robados y presurosos.
Y ahora que hacemos el amor no debiendo.
Con el perdón obstruido y hablando de él.
Mientras me impregno por todos lados del aroma de tu sexo, del sabor de tus carnes, y la sal en tu espalda.
En este momento que agradecido gimo el llanto de dejar atrás lo que guardé tanto tiempo,
El sexo es como la cocina, sabe mejor si se comparte – me digo a mí mismo.
Fueron cuatro años y casi olvido el tacto.
Cuatro años de tanto remordimiento.
Cuatro años de negación, y soy tan feliz durante nos poseemos.
Tan feliz de mirarte y disfrutarte.
Muy satisfecho; repleto de tus palabras que se tornan en este instante, mi alimento.
Cierro contigo el antes y el después.
Soy libre al fin.
Y si bien no he de volverte a ver, tampoco he de olvidarte; mi hoy muy querida, Lauren.
Ciudad del olvido
Vago cansado de no poder llegar a ningún lugar.
Chocando y forcejeando por las aceras de tus caminos sin nombre.
¿Hace cuanto son tan solitarios tus caminos?
La gente a veces mira con deseos de matar,
Sigo mudo con la música de siempre, sobre los pasos de siempre, en las rutas de siempre.
Mi corazón despreciado, vira sin querer hasta alguna de las puertas cerradas andantes e inalcanzables de esas que aquí se hacen llamar “mujer”.
Las manos cegadas y la piel cubierta de humectantes, para que su cuerpo no refleje su sequía, su aridez.
Ojos muertos de alma perdida.
No te queda nada porqué vivir, eres presa de la insensibilidad generalizada por la guerra de los vientres.
Superviviente al divorcio, abandono y maltrato. Nada queda en tu alma ya; excepto esa furia y esa crueldad.
Esa necesidad de venganza que el resto de nosotros tendrá que pagar.
Yo en cambio, sigo ausente, de ti, de mí, de ella.
Sigo aún a tu ritmo caótico, con las suelas cansadas, con el rostro inmutable.
Acostumbrado al salitre, podredumbre, muerte.
Deprimido.
Bajo.
Continuamente humillado.
En cada ocasión en la calle al olvido.
Ella, yo, tú. Creación abominable del hombre postmodernista que esconde tras el arte urbano el grito del hombre campesino, la pasión de los adolescentes amantes de la pureza.
Tú, yo. Víctimas de la hipocresía.
Ella, yo. Parte de un juego perdido. Lo único que nos unió fue una única amistad, el resto contra nosotros.
Yo. El ser que más le amó, el ser que más la detesta.
Ella. La despedida que una y otra y otra vez deberé vivir.
Es tan oscura la vida en ti.
Es tan difícil el aire, tan caro el sentimiento, tan absurda la compañía.
Son tan breves tus momentos y tan largo tu letargo.
Cuán solo y vacío se vive aquí.
Ciudad
Tierra seca y sin sentido, en ti no hay sueños, ni florecen las esperanzas.
Caminos anchos de polvo y humo, quemantes llenos de caucho.
Sonrisas complacientes, caras pálidas, manos de monopolio e hijos de violencia.
Bestias automatizadas, puños sin sangre, pacientes eternos de la química y la sicología.
En ti mueren de hambre y desvelo los poetas bohemios.
En ti todo marchita, todo seca, todo perece.
Tú el centro de todo eres el extremo de la vida,
El corazón inhóspito, el alma vacía, el cuerpo clamante.
Nada te satisface, nada te complementa, nada vale más de lo que posee, nada conviene si no es comercial.
Tierra esclava e insomne, en ti no hay paz solamente millones de reflejos perdidos, sombríos y lastimeros.
Dime si has de acabar
Dime si deberé verte caer y no sentir pena ni remordimiento.
Dime si te eres indiferente a ti misma, como lo eres a tus ocupantes.
Dime si debo cerrar los ojos cuando cedas ante la maldad y los perros,
O simplemente deberé cubrir mis ojos con vidrio oscuro y reprimir mis llantos como tu bien nos has enseñado.
¿Diré adiós?
¿Volveré la vista?
¿O Seguiré hacia delante por los viejos baches de tus alrededores hasta encontrar tierra nueva, donde no haya sueños ni florezca la esperanza?